MI CAUSA ES LA CAUSA JUSTA

Mostrando entradas con la etiqueta Bases militares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bases militares. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de junio de 2015

El cerco del Comando Sur


basesbases
Cuando el golpe de 2002, 15 naves de guerra estadounidenses habían llegado a la base de Manta, Ecuador. Desde allí operaron aviones de patrullaje sobre Venezuela y se habría dado información de inteligencia a los golpistas, de acuerdo a la revista de inteligencia Intel Briefing.


En ese momento se puso en evidencia el funcionamiento operativo de la red de bases estadounidenses, coincidiendo con una serie de cambios tácticos y de estrategia del Pentágono a nivel mundial, como se vio en Siria donde privilegió la guerra a distancia en vez de una invasión, lo cual debe ser analizado para entender el contexto de asedio de espectro completo actual contra Venezuela, descrita por la doctrina militar estadounidense como parte del "Arco de Inestabilidad" a nivel mundial.

Nuevo enfoque

Es importante empezar por la base de Manta ya que es un símbolo de las modificaciones en la estrategia de la doctrina operativa del ejército norteamericano a nivel mundial, donde se privilegian bases pequeñas con poca cantidad de efectivos y la suficiente infraestructura para recibir un importante despliegue aéreo, marítimo y de infantería, de ser necesario, de acuerdo al documento "Estrategia Nacional para una Nueva Era", firmado durante la Administración de Bill Clinton.  

Esto formalmente comienza cuando caduca el acuerdo militar con Panamá gracias al acuerdo Torrijos-Carter en el que se establecieron plazos para que Washington traspase el control del Canal de Panamá. El Pentágono, en consecuencia, tuvo que reordenar sus bases en Florida (Estados Unidos), Soto Cano (Honduras), Puerto Rico, Comalapa (El Salvador), Reina Beatriz, (Aruba), Hato Rey (Curazao) y Manta (Ecuador), donde se pone en marcha lo que se conoce como el establecimiento de Centros Operativos de Avanzada (FOL, por sus siglas en inglés) para que tengan un pequeño número de militares, una desconocida cantidad de contratistas, una continua actividad de inteligencia vía monitoreo, rastreo satelital, patrullaje; activas para despliegues rápidos si es necesaria una intervención directa en el lugar de la base u otros sitios cercanos o distantes, como hubiese sido utilizada la base de Palanquero (Colombia), para enviar grandes aviones hacia parte de África en caso de una eventualidad.

Bajo la "lucha contra el narcotráfico" es que se vendió la permanencia y aumento de la presencia militar estadounidense con el desembarco de la IV Flota y la formación de miembros del aparato de seguridad de otros países, una clásica forma de intervención de Washington. Así fue cómo se continuó con la ampliación de su influencia y control en las áreas estratégicas sobre los recursos naturales de América Latina, como el Amazonas, la Faja del Orinoco y el Acuífero Guaraní, entre otras.

Para esto hay un sistema de bases militares o convenios de cooperación que se basa en privilegiar pequeños sitios, delegar la adjudicación a contratistas para vincularse después y tapar los rastros que vinculen al Pentágono en estas relaciones que supuestamente son para luchar contra el narco o tareas humanitarias, de acuerdo al libro Territorios vigilados de la investigadora argentina Telma Luzzani. Así, a las bases convencionales como las conocemos (gran número de militares, equipamiento, aviones, buques, entre otras condiciones ya conocidas), se le suman las FOL.

Despliegue y guerra irregular

Y estas más de 80 bases operan desde México hasta Chile, pasando por Paraguay en Mariscal Estigarribia, donde está la mayor pista de aterrizaje de América Latina, y Chile con Fuerte Aguayo, sólo por nombrar algunos de los sitios que se conocen entre la maraña de desinformación, donde, por ejemplo, se intenta ocultar que Perú y Colombia son paradas de aprovisionamiento de la IV Flota, y se envía 250 marines a Honduras de las Fuerzas de Tareas Especiales para "luchar contra el narcotráfico, tareas humanitarias y formar a otras fuerzas".

Este despliegue en Honduras es parte del reenfoque de la Administración Obama, en el cual se privilegia el uso de intervenciones encubiertas en vez de las directas, luego de que se comprobara que Estados Unidos ya no puede predominar en escenarios de invasión, como sucedió en Irak y Afganistán. De acuerdo al analista militar cubano David Ignacio Martín, los últimos documentos militares y las declaraciones de altos rangos militares estadounidenses destacan la Guerra No Convencional, o irregular, como la doctrina predominante de las Fuerzas Armadas estadounidenses, que para fines prácticos comenzó a ser publicada justo antes que iniciaran las "primaveras árabes" y se dieran los escenarios libios y sirios.

En este sentido, el desembarco en Honduras apunta a fortalecer el papel del Comando de Operaciones Especiales, que durante la Administración de Obama pasó de operar en 60 países a 150 con los múltiples objetivos de asesinar, secuestrar, realizar supuestas "misiones humanitarias" y formar a ejércitos de otros países (o fuerzas irregulares destinadas a iniciar movimientos armados contra los gobiernos enemigos) para que sustituyan a Estados Unidos en el campo de batalla, tal como lo explica una norma secreta firmada por el ex jefe del Pentágono, luego de la CIA y finalmente destituido por un escándalo de faldas y correos electrónicos, el general David Petraeus.

El uso y despliegue de fuerzas de operaciones especiales y la utilización de Centros de Operaciones Avanzadas (FOL) se enlaza con otros ingredientes pregonados por la Administración Obama, en la que se hace énfasis seis puntos: operaciones de las fuerzas especiales, aviones no tripulados, espías, socios civiles, guerra cibernética y combatientes subrogados (ejércitos irregulares que, en el caso venezolano, pueden ser identificados con el paramilitarismo, en el caso ucraniano con el movimiento nazi, y en el mundo árabe-musulmán con el Estado Islámico, Al Qaeda y diversos grupos yihadistas implicados en Libia y Siria, por ejemplo).  

Toda esta nueva doctrina, en la que también funcionan las contratistas militares (mercenarios), es conocida en la actualidad como la guerra híbrida, posmoderna o líquida, en la que campañas de comunicación 2.0 se combinan con cyberterrorismo, manifestación de calles de "los socios civiles" (ONGs, políticos, estudiantes, periodistas, académicos, entre otros) financiados por Washington a través de la Usaid, la NED o Freedom House y acciones encubiertas de agentes especiales, privados o combatientes subrogados para en primer lugar intentar quebrar el frente interno vía "revoluciones de colores", o llevar progresivamente al "enemigo o adversario" a un escenario de guerra civil en la que los costos no sean altos en intervención y todo el peso político, social y económico caiga en las espaldas del país atacado.

Bajo esta lógica es que funciona el Comando del Sur, y este es el tipo de función que cumplen sus bases.

El cerco a Venezuela 

La guerra irregular se escenifica aquí desde el terreno de las comunicaciones y medios digitales, los espías (cuyo punto más visible fue la detención del agente de la CIA, Thimoty Tracy), la guerra cibernética (escenificada a gran escala con el hackeo al CNE el 14 de abril de 2013 y las denuncias del presidente de Conatel, William Castillo), los socios civiles financiados por Washington y los combatientes subrogados, que andan vestidos de paramilitares luego de haber sido formados en Colombia para la guerra sucia.

Estos no sólo asumen tareas militares, como los paramilitares, sino que también apuntan a respaldar el ataque a la moneda, el bolívar, y la economía venezolana con teorías, rumores, matrices de opinión y denuncias falsas, acordes a la guerra económica emprendida por el gran capital financiero y el eje Madrid-Miami-Bogotá.

También hay indicios de que existirían contratistas militares como Dyncorp involucrados en planes golpistas, como sucedió con el alquiler del avión Tucano destinado a bombardear  Miraflores, así como monitoreo satelital y de comunicaciones sobre Venezuela bajo el modelo denunciado por Edward Snowden, entre otros hechos comprobables donde se pone en funcionamiento la estructura de las bases militares en la región bajo una perspectiva global.

Con base a esto, se presta apoyo logístico y de "ideas", además de acciones tácticas, a los grupos destinados a sabotear la economía, la infraestructura y los servicios, como se ve en la constante guarimba eléctrica, los ataques cibérneticos al sistema alimentario armado por el Estado venezolano y los saboteos contra la estatal Pdvsa, por nombrar los casos más evidentes.

Por citar una eventualidad: hoy en día, esta estructura militar estadounidense permitiría montar una Sala de Operaciones Especiales (la que en términos de operaciones psicólogicas ya existe) para planificar y ser los ojos de las acciones militares en el terreno de un ejército irregular que inicie una guerra en Venezuela.

Este es el modelo de guerra no convencional aplicado en Siria para apoyar a los yihadistas islámicos y que toma puntos operativos alrededor del país, como Turquía, Jordania e Israel, donde existe presencia militar estadounidense. Por caso, esto mismo podría ser replicado tanto en Colombia, como en Aruba, Curazao, Panamá, Honduras o Perú.

Lo paradójico es que, al igual que en 2002, Estados Unidos desembarca más de 3 mil militares y un portaviones nuclear en Perú (el país que sustituyó el papel de Manta en Ecuador) en el mismo momento que declara a Venezuela como "una amenaza inusual y extraordinaria" para su "seguridad nacional", y en paralelo la Exxon Mobile (Rockefeller) intenta crear un escenario de conflicto con Guyana, que acaba de participar en un ejercicio militar conjunto con el Comando Sur. 

Esta orden ejecutiva, en términos militares, formaliza implícitamente la activación de toda su mecánica de poder blando y duro, y sus más de 80 bases militares en la región tienen su papel a cumplir, si se tiene en cuenta que éste es sólo un paso formal enmarcado en la "Doctrina de Guerra Irregular de la Armada de Estados Unidos", donde se califica a Venezuela como uno de los "campos de batalla".


viernes, 14 de noviembre de 2014

EEUU buscará expandir sus bases militares en América Latina


El sociólogo y politólogo Atilio Borón analizó en L’Ombelico del Mondo, programa internacional de Radionauta, los resultados de las elecciones de medio término en Estados Unidos. Allí puntualizó las proyecciones de la política norteamericana hacia América Latina.
- Luego de las elecciones de medio término en Estados Unidos donde los republicanos se impusieron tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado ¿qué se viene en cuanto a la relación de ese país con América Latina?
– Creo que no va a haber grandes cambios en relación a América Latina. Los cambios que pueden ser más significativos directamente van a depender de iniciativas del presidente más que de decisiones que tome el Congreso.
Se ha especulado mucho de que va a haber una influencia mayor de los fondos buitres porque han financiado la campaña de los republicanos. Eso puede ser pero a mi personalmente no me parece que vaya a ocurrir.
En general cuando uno mira el largo plazo, es decir desde fines de la Segunda Guerra Mundial (1945) para acá, cambios en la administración o la composición del Congreso no han modificado la línea que tradicionalmente Estados Unidos tiene hacia América Latina. De manera tal que no habría ninguna razón para pensar que ahora va a haber una transformación muy significativa.
- La población hispana le dio la espalda a los demócratas. Hay que tener en cuenta que nunca se hizo la reforma migratoria y, al mismo tiempo, han votado a quienes se oponen a la presencia de latinoamericanos en Estados Unidos ¿Cómo se puede leer esto?
– Es producto de la gran desilusión que produjo el gobierno de Barack Obama porque no avanzó en la reforma migratoria. Es cierto que el Congreso no la acompañó pero también es cierto que podría haber forzado la mano tomando algunas decisiones que están en su abanico de atribuciones presidenciales y no lo hizo. Prefirió sacar las cosas con un acuerdo con los conservadores y eso no llegó nunca.
El resultado de todo eso es que los electores latinos vieron que no valía la pena preocuparse demasiado por ir a votar. Nada había cambiado, Obama no había cumplido con su promesa y de alguna manera lo dejaron abandonado.
Esto es culpa de Obama más que de los electores. Él tendría que haber sido mucho más enérgico en avanzar en ese tema y no lo hizo. La conducta de los electores latinos me parece absolutamente razonable tal como se dieron las cosas.
- La agenda republicana tiene mucho que ver con los intereses de transnacionales, multinacionales pero también con la industria armamentista de Estados Unidos y en eso América Latina tiene algo que decir. Sobre todo respecto a la cantidad de bases militares que hay en nuestro continente. ¿Puede haber un rearme de Estados Unidos en América Latina en los próximos años?
– Creo que la intención está. Van a tratar de ver si pueden expandir las bases militares. Les interesa mucho cerrar el tema del control de acuífero guaraní para lo cual necesitarían una base o en la triple frontera o un poco más al sur. En Chaco o preferentemente en la zona de los Esteros del Iberá.
Pero eso depende mucho de nuestros gobiernos. Tenemos que dar por descontada la intención de los Estados Unidos de instalar más bases en la región. Porque para ellos América Latina, más allá del discurso oficial que es muy mentiroso, es por lejos la región más importante del mundo.
Por eso es que América Latina siempre tuvo la primera doctrina de exterior del planeta; el primero comando de las fuerzas armadas de los Estados Unidos fuera de su territorio se estableció en América Latina; el primer tratado para contener la expansión soviética, usando las palabras de aquella época, fue el tratado que se forjó con los latinoamericanos: el famoso Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) de 1947.
Les importaba mucho más preservar América Latina de la posible influencia soviética que Europa. Porque el tratado con Europa lo hacen recién en 1949 y ahí es donde se crea la OTAN. O sea que esta región les interesa muchísimo pero va a depender mucho de los gobiernos del área que esta influencia pueda llegar a manifestarse o no.
Personalmente creo que con los resultados que hubo en Brasil, lo que va a venir en Uruguay y cualquiera que sea el resultado futuro de la Argentina, es poco probable que en esta parte de Sudamérica haya una ampliación de las bases militares.
Pero el gobierno de Perú ha sido muy servicial en ese sentido permitiendo la instalación de alrededor de diez bases militares en ese territorio. Es probable que en Chile se instale alguna base más. Por supuesto en Colombia está todo preparado para expandir el número de bases militares pero no en el litoral atlántico de Sudamérica.