MI CAUSA ES LA CAUSA JUSTA

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jueves, 4 de junio de 2015

Informe: La Cruz Roja recauda 500 millones de dólares para Haití pero construye 6 casas

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Tras recaudar cerca de 500 millones de dólares para las operaciones de socorro después del devastador terremoto en Haití en 2010, la Cruz Roja Americana ha construido un total de 6 casas, según un nuevo informe.
Una investigación realizada por la organización sin fines de lucro Propublica y la organización mediática NPR reveló irregularidades en el manejo de las donaciones a la Cruz Roja para damnificados del terremoto de 2010 en Haití. Así, en 2011 la Cruz Roja puso en marcha un proyecto de varios millones de dólares para reconstruir la zona de extrema pobreza que surgió tras el terremoto que azotó al país. 
El objetivo principal del proyecto fue la construcción de cientos de viviendas en las zonas afectadas. La Cruz Roja Americana, recaudó 500 millones de dólares en donaciones, que deberían haber sido proporcionados a la construcción de hogares para más de 130.000 personas. Sin embargo, al final se construyeron sólo 6 viviendas, denuncia el informe.

sábado, 9 de mayo de 2015

Hurgar en contenedores de basura en busca de comida se está convirtiendo en una práctica cada vez más común en España


Muchos lo hacen por convicción, otros porque son personas sin hogar o sin recursos económicos. Sin embargo, crece el número de ‘hurgadores’ que lo hace por necesidad. La crisis económica que azota el país no les deja otra alternativa.

Y es que según un informe del Parlamento Europeo, cada ciudadano de la Unión Europea tira a la basura 179 kilogramos de alimentos al año. La media en España,  aunque por debajo de la europea, es de 163 kilogramos anuales por habitante. 

En el país ya existen movimientos de grupos organizados cuya finalidad es denunciar el despilfarro de alimentos de la sociedad de consumo en tiempos de crisis.

Uno de ellos es el grupo madrileño llamado Comida Basura cuyo lema es "tu basura es mi tesoro". Los miembros de este colectivo, fundado en 2010, no sólo recorren las calles de la capital en busca de alimentos que hayan desechado vecinos, tiendas o supermercados, sino que además organizan con estos desechos multitudinarias cenas gratuitas, de acuerdo a un reportaje publicado por AFP.

Al parecer la comida “está muy rica”, según asegura Pepe Rodríguez, un desempleado de 44 años que se enteró por un amigo de la posibilidad de comer gratis.  

“No me causa ningún problema comer un plato de estos porque sé realmente que la comida que se tira no está en mal estado”, afirma.

Si bien es cierto que a los activistas de este grupo freegan, término que define a quienes reciclan los alimentos que otros desechan, no les empuja la pobreza o el hambre sino que lo hacen por convicción, lo cierto es que ayudan a un número creciente  de españoles que se encuentran sumidos en la pobreza.

Al igual que ellos, cada vez son más los jubilados, pensionistas e inmigrantes que hacen la 'compra diaria' de esta manera. Estos últimos, sin embargo, lo hacen porque no les queda otra opción.

Para miles de familias españolas, la crisis económica se ha convertido en una verdadera tragedia. Mientras en el país aumentan los recortes en servicios sociales, la pobreza y el desempleo no disminuyen. 

Los datos hablan por sí solos. Según el Instituto Nacional de Estadística, en el año 2011 el 21,8% de la población vivía bajo el umbral de la pobreza, frente al 20,7% en 2010 y al 19,5% en 2009.

No obstante, y a pesar de que la práctica es inofensiva,  en la capital española, precisamente donde nació el colectivo Comida Basura, está sancionada. Allí el Ayuntamiento multa  desde hace unos años con hasta 750 euros a quienes hurgan en los contenedores porque consideran que haciéndolo ensucian la vía pública.

Además algunos comerciantes también han tomado medidas para evitar que los ciudadanos ‘aprovechen’ la basura y rocían con productos químicos los desechos. 

martes, 24 de marzo de 2015

No tenemos motivos para permanecer dentro de EE.UU.


"Necesitamos la independencia porque somos distintos. No estamos de acuerdo en absoluto con la política del Gobierno federal de EE.UU.", ha anunciado el representante del Movimiento Nacionalista de Texas, Nathan Smith.
"Necesitamos la independencia porque somos distintos", ha expresado el representante del Movimiento Nacionalista de Texas, Nathan Smith, en una entrevista al periódico 'Vzglyad' durante su visita a Moscú.
Smith ha explicado que Texas tiene un territorio enorme, y es un país separado, con una cultura única. "Tenemos una visión completamente diferente del mundo y de la política. No estamos en absoluto de acuerdo con la política del Gobierno federal de EE.UU.", ha insistido.
Texas no recibe nada del Gobierno federal de EE.UU. y todas sus riquezas se redistribuyen entre otros estados, ha explicado el activista. Asimismo, añade que todo el sistema económico de EE.UU. está en peligro, siendo la deuda pública tan alta que supera el PIB del país.
Smith también ha hablado del tema de la educación criticando al Gobierno federal por "intentar crear de manera artificial la identidad estadounidense", enseñando que el nacionalismo es malo. "¿Acaso es malo ser patriota de su tierra?" se ha preguntado Smith.
Asimismo, Smith denuncia la falta de representatividad de los intereses de Texas en el Gobierno federal. "Hoy en día en el poder simplemente no hay personas que representen los intereses de los habitantes de Texas", ha expresado Smith. "Al mismo tiempo, pagamos  impuestos que van a Washington. Dígame, ¿para qué necesitamos pertenecer a EE.UU.?"

jueves, 5 de marzo de 2015

Salen a la luz las atrocidades de los militares estadounidenses en la Alemania de posguerra

Militares norteamericanos cruzan el río Elba, 25 de abril de 1945
Un nuevo libro de una historiadora alemana afirma que los militares estadounidenses en la Alemania de la posguerra violaron a hasta 190.000 mujeres. De este modo se desmitifica la idea de que los militares norteamericanos tuvieron un comportamiento ejemplar en el país perdedor de la Segunda Guerra Mundial.
La revista alemana 'Der Spiegel' ha publicado recientemente un artículo que echa por tierra el mito de que los soldados estadounidenses desplegados en Alemania tras la Segunda Guerra Mundial se comportaron de manera altamente civilizada. El periodista Klaus Wiegrefe se refiere a los datos del libro 'Als die Soldaten kamen' (Cuando llegaron los soldados), de la historiadora alemana Miriam Gebhardt. La científica escribe que los propios alemanes se han creado la imagen de que los militares estadounidenses eran unos "buenos chicos que daban a probar chicle a todo el mundo".
No obstante, la investigación histórica cita testimonios de sacerdotes católicos alemanes que aseguran que los militares estadounidenses son culpables de al menos 190.000 violaciones de mujeres alemanas en zonas controladas. Los abusos tuvieron lugar hasta el año 1955, cuando Alemania Occidental recuperó la soberanía, pero la mayoría de las violaciones ocurrió en los meses inmediatamente posteriores a la operación estadounidense en Alemania.
Gebhardt afirma que las fuerzas armadas estadounidenses consideraban los abusos a las mujeres alemanas como una especie de venganza contra Alemania por haber desatado la guerra. Según la historiadora, ningún soldado estadounidense fue castigadodebidamente.

martes, 17 de febrero de 2015

Si Podemos gana, España podría salir de la OTAN y formar parte de los BRICS


Si el partido Podemos ganara las próximas elecciones en España, el país podría pasar a formar parte del grupo de los BRICS (China, Rusia, Brasil, India y Sudáfrica) y salirse de la OTAN, opina el periodista del periódico español 'El Confidencial'.
La victoria del partido de Pablo Iglesias y de "su paradigma populista de izquierda" significaría "la desaparición de la aspiración a homologarse con Europa", sostiene José Zorrilla en 'El Confidencial'. Según el autor, el cambio de paradigma respecto a la Transición que proponePodemos no atañe tanto a un cambio en política interior sino en política exterior bajo la disyuntiva: "¿Estás con el Imperio o estás en contra de él?", sostiene.
Dentro del marco ideológico del partido izquierdista figura el rechazo al predominio de EE.UU. y "el ingreso en el 'frente de rechazo' global formado por China, Rusia, Irán, Cuba y Venezuela". La salida de España de la OTAN es una hipótesis nada descartable, cree el periodista. Sin embargo, "lo del euro es más dudoso", escribe, aunque resultaría inexcusable, si se rechazara de manera hostil el cumplimiento de la deuda.
"Estos no son libertinos, sino Robespierre", concluye Zorrilla refiriéndose al partido Podemos, que se opone frontalmente a PP Y PSOE, partidos tradicionales a los que Pablo Iglesias denomina "la casta".

viernes, 6 de febrero de 2015

Hallan 61 cadáveres en un crematorio abandonado en México

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En un crematorio abandonado en la periferia de Acapulco, estado de Guerrero, fueron hallados al menos 61 cadáveres en avanzado estado de descomposición, reporta la Fiscalía General de México.
El descubrimiento se debió a un reporte a las autoridades por parte de los vecinos, quienes sintieron el fuerte olor que provenía desde el crematorio. Cuando la policía llegó al local el jueves por la noche, tuvieron que forzar la puerta para poder entrar. Los agentes localizaron numerosos restos humanos apilados en la estancia y la bodega del crematorio, todos cubiertos con sábanas blancas o cal.
Los especialistas terminaron de sacar los cadáveres el viernes por la madrugada y los trasladaron a un instituto forense local. De momento, la Fiscalía solo confirma el número total de víctimas: 61, pero se abstiene de identificar cuántos niños, mujeres o hombres había, apelando al grado de descomposición y la necesidad de un análisis médico profundo.  
El crematorio se ubica a unos 200 kilómetros del municipio Iguala, donde desde septiembre se encuentran desaparecidos 43 estudiantes de la Escuela Normal de magisterio de Ayotzinapa. A pesar de que el informe oficial aún está por emitirse, los medios localesespeculan que uno de los cadáveres podría corresponder a un menor de edad. Revelan, además, que ninguno de los cuerpos estaba mutilado o había sido quemado.

martes, 3 de febrero de 2015

Hallan a un adolescente noruego de 14 años luchando contra el Estado Islámico

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Periodistas de la cadena noruega TV2 informaron que encontraron y entrevistaron a Hussein Abbás, un adolescente de 14 años oriundo de Oslo que fue llevado por sus padres a Siria y luego a Irak para luchar contra los militantes del Estado Islámico.
Abbás al-Asadi, el padre del menor y líder de una miliciachiita en Irak en cuyas filas está combatiendo su hijo, ha declarado que toda la familia hace dos años se desplazó de Noruega a Siria y después a Irak en cumplimiento de la orden dada por su líder religioso con el objetivo de participar en la yihad, informa el canal  TV2.
"Pienso que es absolutamente horrible que los padres llevaran a su hijo a zonas inmersas en la guerra y que le convirtieran en un niño soldado. La Policía y los fiscales deben investigar este caso en el ámbito penal," ha asegurado Joran Kallemyr, uno de los representantes del Ministerio de Justicia de Noruega.
Aunque es un hecho común que niños se enrolen en milicias y participen en las guerras civiles de Siria e Irak, Per Christian Gundersen, el portavoz de Norway Defense College (el Colegio de Defensa de Noruega), sostiene que el caso de Hussein Abbás es único, dado que es el primer menor procedente de Occidente que fue a combatir a Irak

lunes, 2 de febrero de 2015

"Una raza aparte": El 1% más rico del mundo


El 1% más rico del mundo "se está convirtiendo en una raza aparte, biológica y psicológicamente hablando", a la cual la riqueza deshumaniza sin poder hacer nada para remediarlo, afirma el periodista Jacques Peretti tras pasar seis meses con algunas de las personas más ricas del planeta.
"Se están convirtiendo en una raza aparte. Y esto no es un uso vago del término, sino que es preciso biológica y psicológicamente hablando", afirma el periodista Jacques Peretti, quien pasó medio año rodeado de la gente más rica del mundo, incluyendo personalidades como el magnate Wang Jianlin o el multimillonario Tony Fernandes, para realizar el documental 'The super-rich and us' ('Los superricos y nosotros'), informa 'The Independent'.
"Lo que comenzó como un simple clan global que tenía dinero se ha convertido en una diferencia biológica. Los ricos ahora viven en su propia biosfera paradisíaca (...) en esta biosfera, comen mejor comida, van a mejores escuelas, visten mejor ropa, toman medicinas mejores y así hasta engendrar un nuevo clan más puro y rico. Incluso respiran aire más limpio", establece Peretti.
Asimismo, el periodista establece que esta diferencia no reside únicamente en el dinero, sino en la eugenesia (o mejora de los rasgos hereditarios humanos mediante diversas formas de intervención manipulada), afirmando que "en sus mentes, no son solo más ricos que el resto, sino mejores (…) y la palabra 'mejor' es importante, porque la falacia del perfeccionamiento moral que viene gracias al dinero es utilizada para justificar dicha desigualdad".
Peretti describe a los multimillonarios como "avatares de desigualdad, pero con una pizca de humanidad en su interior que tratan de volver a conectarse con la sociedad", aunque "no importa cuánto se esfuercen, viven en una burbuja hermética cerrada". "Al ver la forma en la que viven, me recordaron a un paciente de ébola muy mimado que se encuentra en cuarentena y mira hacia el mundo exterior", añade.

martes, 27 de enero de 2015

La izquierda británica: "Si pueden hacerlo en Grecia, también podemos hacerlo aquí"

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La victoria del partido de izquierda Syriza en las elecciones parlamentarias de Grecia encuentra eco en el Reino Unido, donde una coalición política de izquierda insiste en la necesidad de seguir el ejemplo de Grecia y oponerse a la austeridad.
Tras el triunfo electoral de Syriza en Grecia, activistas de izquierda de la Coalición de Sindicalistas y Socialistas (Trade Unionist y Socialist Coalition, TUSC) organizan una celebración y una demostración de solidaridad frente a la embajada de Grecia en Londres el 26 de enero a las 6 de la tarde.
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Además de celebrar la victoria de Syriza, los manifestantes pretenden apoyar las medidas de antiausteridad en el Reino Unido. "Si pueden hacerlo en Grecia, también podemos hacerlo aquí", así es el eslogan de TUSC.
Comentando la victoria de Syriza, el líder de TUSC, Dave Nellist, a través de un comunicado de prensa publicado por Coventry Socialists, ha anunciado que la victoria de Syriza "va a reverberar por toda Europa".
"Millones de trabajadores en otros países que también están sufriendo recortes en los estándares de vida y el creciente desempleo, a la vez que se enfrentan a una élite rica que se ha protegido con éxito de la recesión, se preguntarán, "si ellos pueden hacerlo en Grecia, ¿por qué no podemos hacerlo aquí?", ha declarado Nellist.

miércoles, 21 de enero de 2015

Un soldado israelí da de beber a una anciana palestina antes de matarla de un tiro

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Durante el bombardeo por parte de Israel sobre la franja de Gaza del verano pasado, un soldado israelí se acercó a una mujer palestina para darle uagua y tomarse una fotografía con ella, que compartiría en las redes sociales. Poco después, le dispararía a bocajarro en la cabeza acabando con su vida, como ha confirmado un periodista que contempló la escena.
Avichay Andraee, portavoz del Ejército Israelí, compartió en la red social Twitter una fotografía de un soldado israelí sujetando una botella de agua mientras da de beber a una mujer palestina de 74 años, llamada Ghalya Abu-Rida como muestra de supuesta "humanidad". Un gesto compasivo incomprensible pues lo haría pocos segundos antes depropinarle un disparo en la cabeza que le costaría la vida, relata Ahmad Qdeh, un periodista de la cadena Al-Aqsa TV que presenció la escena en primera persona, informa el Centro Palestino de Información.
"Ghalya Ahmad Abu-Rida vivía en la zona de Khuza'a, al este de la ciudad de Khan Younis. Yo también vivo en esa zona y he hecho un reportaje de televisión sobre su historia a raíz de que los soldados israelíes la mataran durante la agresión", asevera el periodista Ahmad Qdeh. Asimismo, Majed Abu-Rida, sobrino de Ghalya, confirmó a los medios que su tía era invidente.  
"La foto que el portavoz del Ejército israelí compartió espropaganda engañosa para intentar mostar la cara humana de sus soldados", afirma Ahmad Al-Farra, profesor en la Universidad de Gaza, quien añade que este suceso "puede hacer más oportuna la persecución de soldados israelíes como criminales de guerra ante la Corte Penal Internacional".

lunes, 12 de enero de 2015

Padres de los 43 normalistas irrumpen en un batallón de infantería en Iguala


Padres de los 43 normalistas desaparecidos y estudiantes de Ayotzinapa han irrumpido a la fuerza en la sede del 27 batallón de infantería en Iguala, donde se han enfrentado con petardos, piedras, palos y botellas contra los militares.
En México, padres de los 43 normalistas y estudiantes de Ayotzinapa han irrumpido en la sede del 27 batallón de infantería en Iguala, exigiendo la aparición con vida de los alumnos desaparecidos, informa Milenio.
Aproximadamente a las 13:45 horas, los familiares llegaron a Iguala y se dirigieron hacia la zona militar, que estaba resguardada con vallas de metal y alambradas.
Mientras los padres estaban pronunciando un discurso, en el que aseguraban tener pruebas de que los soldados de ese batallón intervinieron en los hechos del 26 de septiembre, estudiantes lograron abrir la puerta del cuartel general, por lo cual la policía militar formó un cerco para evitar su ingreso. No obstante, unos minutos más tarde, los padres lograron burlar la seguridad y avanzar unos pasos al interior del cuartel.
Entonces pudieron oírse las primeras detonaciones de petardos con los que los militares estaban intentando dispersar la movilización. La confrontación duró unos quince minutos hasta que la policía militar se reagrupó para expulsar a los manifestantes.

martes, 6 de enero de 2015

El pacto Transpacífico de Obama es un asalto neoliberal de dominio corporativo


El Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) que la Administración de Obama busca firmar es un asalto a los trabajadores, ya que está destinado a una mayor dominación corporativa, dice el activista Noam Chomsky.
Aunque el Gobierno de Barack Obama —que ha estado negociando desde hace años para ser miembro del TPP, así como otras 11 naciones del Pacífico— todavía no ha firmado el acuerdo, grupos de intereses corporativos estadounidenses ya han manifestado su fuerte apoyo al TPP, que describen como un acuerdo de libre comercio que fomenta el crecimiento económico.

Sin embargo, varios expertos aseguran que ese tratado tendrá efectos negativos sobre todo en el acceso a medicinas, cultura, libertad en internet y en las regulaciones medioambientales. No en vano, los sindicatos de trabajadores y una serie de grupos tradicionalmente liberales, así como ecologistas y defensores de la salud pública, han criticado duramente las negociaciones.

El lingüista, activista y analista político estadounidense Noam Chomsky considera que ese acuerdo busca poner "en competencia entre sí a los trabajadores de todo el mundo para bajar los salarios y aumentar la inseguridad". El experto argumentó en declaraciones al diario 'The Huffington Post' que gran parte de las conversaciones abordan cuestiones fuera del comercio ya que, según él, se centran más en imponer nuevas normas de propiedad intelectual en el extranjero y aumentar el poder político de las empresas.

Por otro lado, Chomsky lamentó que el acuerdo —al que tachó de ser en concreto "una escalada de metas políticas neoliberales"— sea un "secreto para la población, pero no para los negociadores de las corporaciones". 

La población total de los países miembros de la unión sería de unos 800 millones de personas, y su PIB alcanzaría un 40% del índice mundial. Lori Wallach, una de los líderes del grupo estadounidense Public Citizen de defensa del derecho del consumidor, contó a RT que el acuerdo representa una gran amenaza para los países miembros de la asociación y sus habitantes, y que además existe un cierto peligro para algunos países de la zona.

domingo, 4 de enero de 2015

La navidad es triste para los pobres

niño
John Cheever fue un escritor norteamericano empeñado en describir la realidad cotidiana y urgar en la hipocresia humana, que nos brindó historias desasosegantes sobre la sociedad capitalista que algunos siguen empeñados en llamar “el sueño americano”. En el cuento “La navidad es triste para los pobres” el protagonista,  un ascensorista en un edificio residencial de Nueva York, trabajador obligado a pasar 8 horas cada día en una minúscula caja metálica que sube y baja de un piso a otro, vive el contrate del desprecio cotidiano de los vecinos burgueses con la benevolencia obligada de las fiestas navideñas que, en el fondo, esconde, como la caridad, una sacralización de la jerarquía social, una celebración del poder sobre los que están abajo en la escala social, los trabajadores y los más pobres.
Cheever describe como nadie esa infelicidad latente en la clase media americana en los tiempos de la guerra fria, la vida en los suburbios residenciales que las películas de Hollywood nos cuentan como si fueran nidos de felicidad, pero que son en realidad una forja de frustraciones de donde sale una ardiente hipocresia y un elitismo que desprecia a todos aquellos que están por debajo en la jerarquía social.
El que fue conocido como “el Chejov americano” no hace más que describir, con el realismo que también caracteríza al genio ruso, la olla a presión que se vive en un régimen capitalista como el norteamericano, donde la brutal competencia a la que se está obligado para sobrevivir hace que cada cual se transforme en un depredador para el resto, mientras, por otro lado, hay que respetar y aparentar ser un buen cristiano o un buen ciudadano en fechas simbólicas como la Navidad. En realidad, y como consecuencia de la imposición ideológica del capitalismo norteamericano en gran parte del mundo, por las buenas o por las malas, no es más que idéntica situación a la que vivimos en nuestros paises todos nosotros, en estas fechas de sonrisas forzadas, caridad hipócrita y humanidad de quita y pone.

“La Navidad es una época triste. La frase acudió a la mente de Charlie un instante después de que el despertador hubo sonado, y le trajo otra vez la depresión amorfa que lo había perseguido toda la tarde anterior. Al otro lado de la ventana, el cielo estaba negro. Se sentó en la cama y tiró de la cadenilla de la luz que colgaba delante de su nariz. «El día de Navidad es el día más triste del año —pensó—. De todos los millones de personas que viven en Nueva York, yo soy prácticamente el único que tiene que levantarse en la fría oscuridad de las seis de la mañana el día de Navidad; prácticamente el único».
Se vistió, y al bajar la escalera desde el piso superior de la pensión donde vivía, sólo oyó unos ronquidos, para él groseros; las únicas luces encendidas eran las que habían olvidado apagar. Desayunó en un puesto ambulante que no cerraba en toda la noche, y, en un tren elevado, marchó hacia la parte alta de la ciudad. Recorrió la Tercera Avenida hasta desembocar en Sutton Place. El vecindario estaba a oscuras. Los edificios levantaban, a ambos lados de las luces callejeras, muros de ventanas negras. Millones y millones de personas dormían, y aquella pérdida general de conciencia generaba una impresión de abandono, como si la ciudad se hubiera desmoronado, como si aquel día fuese el fin del tiempo. Charlie abrió las puertas de hierro y cristal del edificio de apartamentos donde trabajaba como ascensorista desde hacía seis meses, cruzó el elegante vestíbulo y entró en el vestidor de la parte trasera. Se puso el chaleco de rayas con botones de latón, un falso fular, unos pantalones con una franja azul cielo en lacostura, y una chaqueta. El ascensorista de noche dormitaba en el banquillo dentro del ascensor. Charlie lo despertó. El hombre le dijo con voz espesa que el portero de día se había puesto enfermo y que no vendría. Enfermo el portero, Charlie no dispondría de tiempo para almorzar, y muchísima gente le pediría que saliera a buscar un taxi.
Charlie llevaba trabajando unos minutos cuando lo llamaron desde el piso catorce. Era una tal señora Hewing, que —Charlie se había enterado por casualidad— tenía fama de inmoral. La señora Hewing todavía no se había acostado, y entró en el ascensor ataviada con un vestido largo bajo el abrigo de pieles. La acompañaban dos perros de aspecto raro. Él la bajó y miró cómo salía a la oscuridad de la calle y acercaba los perros al bordillo. No estuvo fuera más de unos minutos. Volvió a entrar y él subió con ella otra vez a la planta catorce. Al salir del ascensor, ella dijo:
—Felices pascuas, Charlie.
—Bueno, para mí hoy no es precisamente un día festivo, señora Hewing —repuso él—. Creo que las Navidades son las fechas más tristes del año. Y no es porque la gente de esta casa no sea generosa, quiero decir, recibo muchas propinas, pero ¿sabe usted?, vivo solo en un cuarto de alquiler y no tengo familia ni amistades, o sea, que la Navidad no es para mí una fiesta precisamente.
—Lo siento, Charlie —dijo la señora Hewing—. Yo tampoco tengo familia. Es bastante triste estar solo, ¿verdad?
Llamó a sus perros y entró tras ellos en su apartamento. Él volvió a bajar en el ascensor.
Todo estaba tranquilo, y Charlie encendió un cigarrillo. A aquella hora, la calefacción del sótano acompasaba la respiración del edificio con su vibración regular y profunda, y los tétricos ruidos de vapor caliente que despedía la caldera empezaron a resonar primero en el vestíbulo y después en cada uno de los dieciséis pisos. Aquel despertar puramente mecánico no alivió la soledad ni el malhumor del ascensorista. La oscuridad al otro lado de las puertas de cristal se había vuelto azul, pero aquella luz azulada parecía carecer de origen; como surgida en medio del aire. Era una luz lacrimosa, y a medida que iba invadiendo la calle vacía, Charlie tuvo ganas de llorar. Entonces llegó un taxi y los Walser se apearon, borrachos y vestidos con trajes de noche, y él los subió al ático. Los Walser le hicieron reflexionar sobre la diferencia entre su propia vida en un cuarto de pensión y la vida de la gente que residía allí arriba. Era terrible.
Después empezaron a llamar los que madrugaban para ir a la iglesia, que aquella mañana no fueron sino tres personas. Algunos más salieron hacia la iglesia a las ocho en punto, pero la mayoría de los inquilinos siguieron durmiendo, aun cuando el olor a beicon y café ya penetraba en la caja del ascensor.
Poco después de las nueve, una niñera bajó con un niño. Tanto ella como él exhibían un bronceado intenso: Charlie sabía que acababan de volver de las Bermudas. Él nunca había estado en las Bermudas. Él, Charlie, era un prisionero confinado ocho horas al día en una caja de dos metros por dos y medio, a su vez confinada en un hueco de dieciséis pisos. En un inmueble u otro, llevaba diez años ganándose la vida como ascensorista.
Según sus cálculos, el trayecto medio venía a tener unos doscientos metros, y, cuando pensaba en los miles de kilómetros que había recorrido sin moverse del sitio, cuando se imaginaba a sí mismo conduciendo el ascensor a través de la bruma por encima del mar Caribe y posándose en una playa de coral de las Bermudas, no atribuía a la naturaleza misma del ascensor la estrechez de sus viajes: para él, los pasajeros eran los culpables de su confinamiento, como si la presión que aquellas vidas ejercían sobre la suya le hubiese cortado las alas.
En todo esto pensaba cuando llamaron los DePaul, que vivían en el piso nueve. Le desearon también una feliz Navidad.
—Bueno, son ustedes muy amables por pensar en mí —les dijo mientras bajaban—, pero para mí no se trata de un día festivo. La Navidad es una fecha triste cuando uno es pobre. Vivo solo en un cuarto de alquiler. No tengo familia.
—¿Con quién va a comer hoy, Charlie? —preguntó la señora DePaul.
—No voy a tener comida navideña —dijo Charlie—. Nada más que un bocadillo.
—¡Oh, Charlie! —La señora DePaul era una mujer corpulenta, de corazón vehemente, y la queja de Charlie cayó sobre su talante festivo como un súbito chubasco—. Ojalá pudiéramos compartir con usted nuestra comida de Navidad —dijo—. Yo soy de Vermont, ¿sabe?, y cuando era niña, ¿me entiende?, solíamos invitar a mucha gente a nuestra mesa. El cartero, ¿sabe?, y el maestro, y cualquiera que no tuviese familia propia, ¿no?, y ojalá pudiéramos compartir nuestra comida con usted, digo, como entonces, y no veo por qué no podemos. No podremos sentarlo a nuestra mesa porque no puede usted dejar el ascensor, ¿no es cierto?, pero en cuanto mi marido trinche el pavo, le daré un timbrazo y prepararé una bandeja para usted, ya verá, y quiero que usted suba y comparta, aunque sea así, nuestra comida de Navidad.
Charlie les dio las gracias, sorprendido por tanta generosidad, pero se preguntó si no olvidarían su promesa al llegar los parientes y amigos del matrimonio.
Luego llamó la anciana señora Gadshill, y cuando ella le deseó felices fiestas, él bajó la cabeza.
—Para mí no es precisamente fiesta —repitió—. La Navidad es un día triste para los pobres. No tengo familia, ¿sabe? Vivo solo en una habitación de huéspedes.
—Yo tampoco tengo familia, Charlie —dijo la señora Gadshill. Habló con deliberada amabilidad, pero su buen humor era forzado—. Es decir, hoy no tendré conmigo a ninguno de mis chicos. Tengo tres hijos y siete nietos, pero nadie encuentra manera de venir al este a pasar las Navidades conmigo. Yo entiendo sus problemas, desde luego. Ya sé que es difícil viajar con niños en vacaciones, aunque yo siempre me las arreglaba cuando tenía su edad, pero la gente tiene distintas formas de ver las cosas, y no podemos juzgarla por lo que no entendemos. Pero sé cómo se siente, Charlie. Yo tampoco tengo familia. Estoy tan sola como usted.
El discurso de la anciana no conmovió a Charlie. Sí, quizá estuviese sola, pero tenía un ade diez habitaciones y tres criadas, y mucha, muchísima pasta, y diamantes por todas partes, y había cantidad de niños pobres en los suburbios que se darían sobradamente por satisfechos si tuvieran ocasión de hacerse con la comida que su cocinera tiraba. Entonces pensó en los niños pobres. Se sentó en una silla del vestíbulo y se puso a pensar en ellos.
Ellos se llevaban la peor parte. A partir de otoño comenzaba toda aquella agitación a propósito de las Navidades y de que eran fechas dedicadas a ellos. Después del Día de Acción de Gracias, no podían escaparse; estaba establecido que no podían escaparse. Guirnaldas y adornos por todas partes, campanas repicando, árboles en el parque, Santa Claus en cada esquina y fotos en diarios y revistas, y en todas las paredes y las ventanas de la ciudad les anunciaban que los niños buenos tendrían cuanto quisieran. Aunque no supiesen leer, sabrían esto. Aunque fuesen ciegos. Estaba en la atmósfera que los pobres críos respiraban. Cada vez que salían de paseo, veían todos aquellos juguetes caros en los escaparates; escribían cartas a Santa Claus, y sus padres y madres les prometían echarlas al correo, y cuando los niños se habían ido a la cama, las quemaban en la estufa. Y al llegar la mañana de Navidad, ¿cómo explicarles, cómo decirles que Santa Claus sólo visitaba a los niños ricos, que nada sabía de los niños buenos? ¿Cómo mirarlos a la cara, cuando todo lo que uno podía regalarles era un globo o una piruleta?
Al volver a casa unas cuantas noches atrás, Charlie había visto a una mujer y a una chiquilla que bajaban por la calle Cincuenta y Nueve. La niña lloraba. Adivinó que estaba llorando, y supo que lloraba porque había visto en los escaparates todos los juguetes de las tiendas y no alcanzaba a comprender por qué ninguno era para ella. Imaginó que la madre era sirvienta, o quizá camarera, y las vio camino de vuelta a una habitación como la suya, con paredes verdes y sin calefacción, para cenar una sopa de lata el día de Nochebuena. Y vio luego cómo la niña colgaba en alguna parte sus raídos calcetines y se quedaba dormida, y vio a la madre buscando en su bolso algo quemeter en los calcetines… El timbre del piso once interrumpió su ensoñación.
Subió; el señor y la señora Fuller estaban esperando. Cuando le desearon feliz Navidad, él dijo:
—Bueno, para mí no es precisamente fiesta, señora Fuller. La Navidad es un día triste cuando uno es pobre.
—¿Tiene usted hijos, Charlie? —preguntó ella.
—Cuatro vivos —dijo él—. Dos en la tumba. —Se sintió abrumado por la majestad de su embuste—. Mi mujer está inválida —añadió.
—Qué triste, Charlie —lamentó la señora Fuller. Salió del ascensor cuando llegaron a la planta baja, y dio media vuelta—. Voy a darle algunos regalos para sus hijos, Charlie. Mi marido y yo vamos a hacer una visita, pero cuando volvamos le daremos algo para sus niños.
Él le dio las gracias. Luego llamaron del cuarto piso, y subió a recoger a los Weston.
—No es que sea un día festivo para mí —les dijo cuando le desearon feliz Navidad—. Es una fecha triste para los pobres. Ya ven, yo vivo solo en una pensión.
—Pobre Charlie —dijo la señora Weston—. Sé exactamente cómo se siente. Durante la guerra, cuando el señor Weston estaba lejos, yo pasé sola las Navidades. No tuve comida navideña, ni árbol ni nada. Me preparé unos huevos revueltos, me senté y me eché a llorar.
Su marido, que ya estaba en el vestíbulo, la llamó impacientemente.
—Sé exactamente cómo se siente usted —declaró la señora Weston.
Al mediodía, el olor de aves y caza había reemplazado al de beicon y café en el recinto del ascensor, y la casa, como una gigantesca y compleja granja, estaba ensimismada en la preparación de un festín doméstico. Todos los niños y las niñeras habían vuelto del parque. Abuelas y tías llegaban en enormes automóviles. La mayoría de la gente que atravesó el vestíbulo llevaba paquetes envueltos en papel de colores y lucía sus mejores pieles y sus ropas nuevas. Charlie siguió quejándose ante casi todos los inquilinos cuando éstos le deseaban felices pascuas, ya en su papel de solterón solitario, ya representando a un pobre padre, según su talante, pero aquella efusión de melancolía y la compasión que suscitaba no lograron mejorarle el ánimo.
A la una y media llamaron del piso nueve, y al subir encontró al señor DePaul, que, de pie en la puerta de su piso, sostenía una coctelera y un vaso.
—Un pequeño brindis navideño, Charlie —dijo, y le sirvió una copa. Después apareció una sirvienta con una bandeja de platos cubiertos, y la señora DePaul salió del cuarto de estar.
—Feliz Navidad, Charlie —le deseó—. Le dije a mi marido que trinchara pronto el pavo para que usted pudiera probarlo, ¿sabe? No puse el postre en la bandeja porque tuve miedo de que se derritiera, así que cuando vayamos a tomarlo ya le avisaremos.
—Y ¿qué es una Navidad sin regalos? —dijo el señor DePaul, y sacó del recibidor una caja grande y plana que colocó encima de los platos cubiertos
—Ustedes hacen que este día me parezca un auténtico día de Navidad —dijo Charlie. Las lágrimas le asomaban a los ojos—. Gracias, gracias.
—¡Feliz Navidad! ¡Felices pascuas! —exclamaron los otros, y vieron cómo Charlie se llevaba su comida y su regalo al ascensor.
Guardó ambas cosas en el vestidor cuando llegó abajo. En la bandeja había un plato de sopa, un pescado con salsa y una ración de pavo. Sonó otro timbre, pero antes de contestar abrió la caja que le habían regalado y vio que contenía una bata. La generosidad de los DePaul y la bebida que había ingerido empezaban a hacerle efecto, y subió lleno de júbilo a la planta doce. La sirvienta de la señora Gadshill lo esperaba en la puerta con una bandeja, y a su espalda estaba la anciana.
—¡Felices Navidades, Charlie! —le dijo. Él se lo agradeció y de nuevo le afluyeron las lágrimas.
Al bajar tomó un sorbo del vaso de jerez que había en la bandeja. La aportación de la señora Gadshill era un plato combinado. Comiócon los dedos la chuleta de cordero. Sonaba el timbre otra vez; se limpió la cara con una servilleta de papel y subió a la planta once.
—Feliz Navidad, Charlie —dijo la señora Fuller, que estaba en la puerta con los brazos llenos de paquetes envueltos en papel de regalo, como en un anuncio comercial. El señor Fuller, a su lado, rodeaba con el brazo a su mujer, y ambos parecían a punto de echarse a llorar.
—Aquí tiene algunas cosas para llevar a sus hijos —dijo el señor Fuller—. Y esto es para su mujer, y esto otro para usted. Y si quiere llevarlo todo al ascensor, dentro de un minuto le tendremos preparada su comida.
Charlie llevó todos los obsequios al ascensor y regresó en busca de la bandeja.
—¡Felices pascuas, Charlie! —exclamó el matrimonio cuando él cerró la puerta.
Guardó la comida y los regalos en el vestidor y abrió el paquete que iba a su nombre. Dentro había una cartera de piel de cocodrilo con las iniciales del señor Fuller en la esquina. La bandeja contenía también pavo; comió con los dedos un pedazo de carne y lo estaba regando con bebida cuando sonó el timbre. Subió de nuevo. Esta vez eran los Weston.
—¡Feliz Navidad, Charlie! —le dijeron, y lo invitaron a un ponche de huevo, le ofrecieron pavo y le entregaron un regalo. El presente era también una bata.
Luego llamaron del siete, y él subió y le dieron más comida y más obsequios. Sonó el timbre del catorce, y cuando llegó arriba vio en el recibidor a la señora Hewing, vestida con una especie de salto de cama, llevando un par de botas de montar en una mano y varias corbatas en la otra. Había estado llorando y bebiendo.
—Felices fiestas, Charlie —le deseó tiernamente—. Quería regalarle algo, he pensado en ello toda la mañana, he revuelto todo el apartamento y éstas son las únicas cosas útiles para un hombre que he podido encontrar. Es lo único que dejó el señor Brewer. Me figuro que las botas no le sirven para nada, pero ¿por qué no se queda con las corbatas?
Charlie las aceptó, le dio las gracias y volvió precipitadamente al ascensor, porque el timbre había sonado ya tres veces.
Hacia las tres de la tarde, Charlie tenía catorce bandejas de comida esparcidas por la mesa y por el suelo del vestidor, y los timbres seguían sonando. Cuando empezaba a probar un plato, tenía que subir y recoger otro, y en mitad del buey asado de los Parson tuvo que dejarlo para ir a buscar el postre del matrimonio DePaul. Dejó cerrada la puerta del vestidor, porque intuía que un acto de caridad era exclusivo y que a cada uno de sus amigos le habría disgustado descubrir que no eran ellos los únicos que trataban de aliviar su soledad. Había pavo, ganso, pollo, faisán, pichón y urogallo. Había trucha y salmón, escalopes a la crema, langosta, ostras, cangrejo, salmonete y almejas. Había pudín de ciruela, bizcocho con frutas, crema batida, trozos de helado derretido, tartas de varias capas, torten, éclairs y dos porciones de crema bávara. Tenía batas, corbatas, gemelos, calcetines y pañuelos, y uno de los inquilinos le había preguntado su talla y después le había regalado tres camisas verdes. Había una tetera de cristal, llena —según rezaba la etiqueta— de miel de jazmín, cuatro botellas de loción para después del afeitado, varios sujetalibros de alabastro y una docena de cuchillos de carne. La avalancha de caridad que Charlie había precipitado llenaba el vestidor y a ratos lo hacía sentirse inseguro, como si hubiera abierto un manantial del corazón femenino que fuese a enterrarlo vivo bajo una montaña de comida y batas. No había hecho notables progresos en la ingestión de los platos, porque todas las raciones eran anormalmente grandes, como si los donantes hubieran pensado que la soledad genera un apetito descomunal. Tampoco había abierto ninguno de los regalos para sus hijos imaginarios, pero se había bebido todo lo que le habían dado, y en derredor yacían los posos de martinis, manhattans, old-fashioneds, cócteles de champán con zumo de frambuesas, ponches, bronxes y sidecars.
Le ardía la cara. Amaba al mundo y el mundo lo amaba a él. Alrecordar su vida, la veía bajo una luz rica y maravillosa, rebosante de asombrosas experiencias y amigos excepcionales. Pensó que su trabajo de ascensorista —surcar de arriba abajo cientos de metros de peligroso espacio— requería el nervio y el intelecto de un hombre-pájaro. Todas las limitaciones de su vida, las paredes verdes de su habitación, los meses de desempleo, se desvanecieron. Nadie pulsó el timbre, pero entró en el ascensor y lo disparó a toda velocidad hasta el ático para descender de nuevo y volver a subir otra vez, a fin de poner a prueba su maravilloso dominio del espacio.
Sonó el timbre del doce mientras él viajaba, y se detuvo en el piso el tiempo  necesario para recoger a la señora Gadshill. Cuando la caja inició el descenso, él soltó los mandos, en un paroxismo de júbilo, y gritó:
—¡Ajústese el cinturón de seguridad, señora! ¡Vamos a hacer una acrobacia aérea!
La pasajera chilló. Después, por alguna razón, se sentó en el suelo del ascensor. ¿Por qué la mujer estaba tan pálida?, se preguntó Charlie. ¿Por qué se había sentado en el suelo? Ella soltó otro chillido. Charlie hizo que la caja se posase suavemente e incluso, a su juicio, hábilmente, y abrió la puerta.
—Siento haberla asustado, señora Gadshill —dijo mansamente—. Estaba bromeando.
Ella gritó de nuevo. A continuación, salió al vestíbulo llamando a gritos al superintendente.
El superintendente del inmueble despidió en el acto a Charlie, y ocupó el puesto de éste en el
ascensor. La noticia de que se había quedado sin empleo escoció a Charlie durante un minuto. Era su primer contacto del día con la mezquindad humana. Se sentó en el vestidor y empezó a roer un mondadientes. El efecto de las bebidas empezaba a abandonarlo, y aun cuando no había cesado todavía, preveía una sobriedad fatal. El exceso de comida y regalos comenzó a provocarle una sensación de culpabilidad y desprecio por sí mismo. Lamentó largamente haber mentido con respecto a sus imaginarios hijos. Era un solterón con necesidades bastante elementales. Había abusado de la bondad de los inquilinos. Era despreciable.
Entonces, mientras desfilaba por su pensamiento una secuencia de ideas ebrias, evocó la nítida silueta de su casera y de sus tres hijos flacuchos. Pudo imaginárselos sentados en el sótano. La alegría de la Navidad no había existido para ellos. La escena le llegó al alma. Darse cuenta de que él se hallaba en condiciones de dar, de hacer dichoso al prójimo sin el menor esfuerzo, le devolvió la sobriedad. Cogió un gran saco de arpillera que se usaba para la recogida de basuras y empezó a llenarlo, primero con sus propios regalos y luego con los obsequios para los niños que no tenía. Procedió con la prisa de un hombre cuyo tren se acerca a la estación, porque apenas era capaz de esperar el momento en que aquellas largas caras se iluminasen cuando él cruzara la puerta. Se cambió de ropa y, espoleado por una desconocida y prodigiosa sensación de poderío, se echó el saco al hombro como un Santa Claus cualquiera, salió por la puerta trasera y se dirigió en taxi a la zona baja del East Side.
La patrona y sus hijos acababan de comerse el pavo que les había enviado el Club Demócrata local, y estaban ahítos e incómodos cuando Charlie empezó a aporrear la puerta y a gritar: «¡Feliz Navidad!» Arrastró el saco tras él y derramó por el suelo los regalos de los niños. Había muñecas y juguetes musicales, cubos, costureros, un traje de indio y un telar, y tuvo la impresión de que, en efecto, como había esperado, su llegada disipaba la melancolía reinante. Una vez abierta la mitad de los regalos, dio un albornoz a la patrona y subió a su cuarto a examinar las cosas con que le habían obsequiado.
Ahora bien, los hijos de la casera habían recibido tantos regalos antes de que llegase Charlie que estaban confusos con aquella avalancha; la patrona, guiada por una intuitiva comprensión de la naturaleza de la caridad, les permitió abrir varios paquetes mientras Charlie estaba en la habitación, pero luego se interpuso entre los niños y los obsequios que quedaban sin abrir.
—Eh, chicos, ya tenéis bastante —dijo—. Ya habéis recibido vuestros regalos. Mirad todas las cosas que os han dado. Fijaos, ni siquiera habéis tenido tiempo de jugar con la mitad. Mary Anne, ni has mirado esa muñeca que te dio el Cuerpo de Bomberos. Sería una hermosa acción coger todo esto que sobra y llevarlo a esa pobre gente de Hudson Street: a los Deckkers. No habrán tenido regalos.
Una aura beatífica iluminó la cara de la casera cuando advirtió que podía dar, podía ser heraldo de alegría, mano salvadora en un caso de mayor necesidad que el suyo, y, al igual que la señora DePaul y la señora Weston, al igual que el propio Charlie y la señora Deckker, que a su vez habría de pensar posteriormente en los pobres Shannon, se dejó invadir primero por el amor, luego por la caridad y finalmente por una sensación de poder.
—Vamos, niños, ayudadme a recoger todo esto. De prisa, vamos, de prisa —dijo, porque ya había oscurecido y sabía que estamos obligados mutuamente a una benevolencia dispendiosa un solo y único día, y que ese día concreto estaba casi a punto de acabar. Estaba cansada, pero no podía quedarse tranquila, no podía descansar”.

viernes, 2 de enero de 2015

"Desde el 1 de enero Facebook ya no es un lugar para los amigos, sino para la NSA"


Un reportero del portal Infowars revela en su nuevo video cómo la nueva política de Facebook permitirá a los organismos estadounidenses tener acceso a los datos personales de los internautas.
La nueva política de Facebook introducida el 1 de enero de 2015permitirá a terceras partes como la CIA, el FBI o la NSA recoger la información de los usuarios desde sus dispositivos, asegura el reportero del portal Inforwars Joe Biggs en su nuevo video. Según el experto, los nuevos términos continúan la tendencia que se estableció tras el 11-S cuando por la política emprendida por la administración estadounidense "perdimos cualquier privacidad que teníamos".
Infowarsyoutube.com / TheAlexJonesChannel
Se trata de las modificaciones en los 'Términos y condiciones de uso del servicio' que entran en vigor desde el 1 de enero de 2015. Biggs pone el ejemplo de la llamada 'Información sobre dispositivos', que dice: "Recogemos información desde o sobre los computadores, teléfonos u otros dispositivos desde los cuales se descarga o accede a nuestros servicios". Según el experto, eso significa que terceras partes pueden conocer sus contactos, su localización, sus fotos y todo lo que se guarde en el dispositivo.
"Ya sabemos que la CIA está trabajando con Facebook y Google", recuerda Biggs, quien aclara que ahora para los servicios será mucho más fácil recopilar los datos de usuarios que acepten las nuevas condiciones. "El 1 de enero de 2015 Facebook ya no es un lugar para amigos, sino para la NSA y el Gobierno", afirma el experto.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Israel utiliza Gaza como un laboratorio para probar armas

"Israel utiliza Gaza como un laboratorio para probar armas"
El secretario general de la Iniciativa Nacional Palestina, Mustafa Barghouti, acusó el domingo al régimen de Israel de utilizar a los residentes de la Franja de Gaza como conejillo de Indias para probar sus armas. "Durante su última ofensiva (desde principios de julio hasta finales de agosto), el régimen de Tel Aviv utilizó armas prohibidas y de destrucción masiva contra los civiles de esta región asediada", anunció Barghouthi durante una rueda de prensa mantenida en Ramalá, en la ocupada Cisjordania. Tras subrayar que el régimen israelí es uno de los mayores productores de armas en el mundo, el dirigente palestino aseguró que hay documentos y evidencias que atestiguan el empleo de armas prohibidas por parte del régimen de Tel Aviv contra los palestinos. "Durante los últimos años, el régimen ocupante ha librado cuatro guerras en las que ha aplicado armas prohibidas, además de utilizar barriles explosivos y bombas de racimo ", indicó. El año 2014 ha sido el más sangriento para los palestinos en el cual el régimen israelí ha acabado con la vida de al menos 2270 palestinos en ataques que duraron 51 días, además de haber cometido crímenes en Al-Quds y la ocupada Cisjordania. Por último, detalló que en su ofensiva contra Gaza, el régimen de Israel bombardeó por tierra, mar y aire esta zona costera con 21 mil toneladas de materiales explosivos, lo que iguala al uso de dos bombas nucleares. Cabe señalar que durante diciembre 2008 y enero 2009 en la ofensiva israelí contra la Franja de Gaza, el médico noruego, Mads Fredrik Gilbert, dijo que el enclave era utilizado como un laboratorio para probar nuevas armas tras mencionar los tipos de lesiones que había visto mientras trabajaba en el Hospital de Shifa. Los constantes ataques aéreos del ejército israelí contra los civiles palestinos forman parte de la vida diaria de los residentes de Gaza, que sufren, desde 2007, un férreo bloqueo impuesto por el régimen de Tel Aviv, que les impide ejercer sus principales derechos. 

domingo, 14 de diciembre de 2014

Hay que salir de la OTAN por la indignación que causan las torturas de EE.UU.

rt
Las impactantes revelaciones de las técnicas de tortura de la CIA reveladas en un informe del Senado de EE.UU. dan a Francia una razón para salir de la OTAN, afirmó este sábado la líder del partido Frente Nacional, Marine Le Pen.
"Si realmente hay una indignación general por las torturas utilizadas por EE.UU, salgamos de la OTAN", dijo la legisladora nacionalista francesa Marine Le Pen en una entrevista en la emisora de radio Europe 1, y posteriormente repitió su declaración en su cuenta en Twitter.
Sin embargo, comentando unos días antes el informe sobre los abusos de la CIA, la diputada dijo que en ciertas circunstancias no condena tales prácticas. "Hay casos en los que una bomba hace tictac y queda una hora o dos, y 200 o 300 personas pueden morir. O en los que hay que hacer hablar a alguien", indicó.
Recordamos que un informe difundido por el Senado describe las técnicas de tortura aplicadas a sospechosos de terrorismo por parte de la CIA durante el mandato del presidente George W. Bush tras el 11-S.