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miércoles, 4 de marzo de 2015

Ex combatientes recurrirán a la CIDH por torturas en Malvinas


El Centro de Ex Combatientes (Cecim) de La Plata se presentará en el "menor tiempo posible" ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, luego de que la Corte Suprema de Justicia desestimara la investigación sobre las torturas.
Así lo informó en declaraciones a Télam Ernesto Alonso, secretario de Relaciones Institucionales del CECIM de La Plata y titular de la Comisión Nacional de Ex Combatientes.


La decisión de acercarse a la CIDH salió de la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner quien, en su discurso del pasado domingo ante la Asamblea Legislativa, impulsó a los ex combatientes, tras la negativa del máximo tribunal de justicia argentino, que clausuró la causa en un fallo del pasado 19 de febrero.

"Vayan y reclamen ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos", dijo Cristina en en el marco de la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso y agregó que se sentía "muy sensibilizada" por ese reclamo.

"Con sus dichos, la Presidenta reafirma su compromiso de siempre con la defensa de los derechos humanos y con la causa Malvinas", destacó Alonso, para quien el fallo de la Corte representa un "verdadero escándalo procesal".

Alonso además señaló que sienten un "gran apoyo" de la mandataria, ya que es "el propio Poder Ejecutivo quien nos invita a que vayamos a litigar a una instancia internacional porque la justicia argentina no está a la altura del reclamo de lo que piden los ex combatientes".

En el CECIM de La Plata ya están trabajando en la presentación que, según estimaron, se realizará en el "menor tiempo posible" dentro de los 6 meses de plazo con que cuentan, desde el 19 de febrero en que se emitió el fallo de la Corte.

También se expresaron a favor del reclamo de los ex combatientes el ministro de Defensa, Agustín Rossi; y el secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda; así como la titular de Justicia Legítima, Laura Garrigós de Rébori, la CTA de Buenos Aires, la Comisión Provincial por la Memoria y la agrupacion Hijos.

lunes, 5 de enero de 2015

El Informe del Senado sobre la Tortura y la obligación de EE.UU. de enjuiciar a los responsables

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En 2000, el conde Hans Christof von Sponek dejó su cargo de Ayudante del Secretario General de Naciones Unidas y Coordinador de Misiones Humanitarias en Iraq en protesta por las sanciones económicas al pueblo iraquí impuestas por Naciones Unidas. Von Spaneck es miembro de la Comisión de Crímenes de Guerra de Kuala Lampur –creada en 2007 por el ex primer ministro de Malasia Tun Dr Mahathir–, cuya misión es verificar y controlar las quejas de las víctimas en guerras y conflictos y otros crímenes reconocidos como violaciones de la ley internacional1. En esta entrevista responde a las preguntas de la periodista independiente suiza Silvia Cattori.
–(Silvia Cattori) Tanto su investigación2 como los informes presentados por el senador suizo Dick Marty, en 2006 y 2007, en el Consejo Europeo sobre los centros clandestinos de detención de la CIA han probado ya la práctica sistemática de la tortura por parte de la CIA3.El informe del Senado recientemente publicado sobre la tortura de la CIA, ¿ha aportado acaso nuevos aspectos a los que ya conocíamos? Según su punto de vista, ¿tiene este informe una trascendencia específica?
–(H.C. von Sponeck) La publicación por parte del Senado de Estados Unidos del resumen de 500 páginas del informe sobre la tortura es una contribución importante para el proceso judicial. Por supuesto, el reconocimiento oficial de las atrocidades cometidas por funcionarios estadounidenses puede dar lugar a una condena, pero no es suficiente. Las autoridades de EEUU, tanto del Congreso como de la administración, incluyendo el presidente Obama, deben mostrar su liderazgo y compromiso confirmando que ese cuerpo de evidencia será utilizado por la Justicia de EEUU para empezar el proceso de enjuiciamiento de todos los perpetradores.
La publicación del informe sobre la tortura no ha hecho más que confirmar lo que se sabía en todo el mundo desde hace mucho tiempo, a saber, que los funcionarios de gobierno estadounidense cometían tortura y crímenes de guerra. Los gobiernos europeos y los de otros países así como las organizaciones civiles de la sociedad tenían conocimiento de la tortura realizada en cárceles de Iraq (por ejemplo, en Abu Ghraib, Camps Bucca y Camp Cropper), de Afganistán (por ejemplo Bagram), de Cuba (Guantánamo).
Como miembro de la Comisión de crímenes de guerra de Kuala Lampur, me he relacionado con personas torturadas en Bagram, Abu Ghraib y Guantánamo en 2011 y 2012, y he escuchado de primera mano todo sobre su inmenso sufrimiento. En junio de 2014, Denis Halliday y yo mismo, en nombre de la Comisión KL, entregamos dos volúmenes de pruebas de torturas y crímenes de guerra recogidas por la Comisión en una sesión sobre Iraq de la Cámara de los Comunes en Londres. Gracias a la investigación realizada por el senador suizo Dick Marty y presentada en el Consejo Europeo, el mundo entero supo de la existencia de cárceles clandestinas, por ejemplo en Polonia, Rumania, Egipto, Libia, Siria y otros sitios. Somos conscientes de que los cautivos eran transportados a esas cárceles con el único propósito de obtener información mediante la tortura.
La importancia de la publicación del informe, por lo tanto, no tiene tanto que ver con la confirmación de que se torturaba. Los truculencia detalles del tratamiento inhumano descritos en el informe de Senado estadounidense no son más algo que se agrega al cuadro del horror del cual éramos conscientes. Lo nuevo y significativo, sin embargo, tiene que ver con la admisión oficial de tales crímenes por parte del Congreso de EEUU y lo que de ello se deriva: la obligación estadounidense de juzgarlos.
La petición presentada por Denis Halliday4 y usted llama a Estados Unidos para que, de acuerdo a lo que manda la ley internacional, inicie demandas contra aquellos que han practicado la tortura. ¿Piensa usted que es posible que el gobierno estadounidense obre en consecuencia?
–El hecho de que ni el Senado ni los Representantes de EEUU ni el gobierno del presidente Obama hayan de momento revelado sus intenciones ni sus próximos pasos en relación con la Justicia ha despertado una enorme preocupación en todo el mundo. No puede ser que el país que quiere verse como la vanguardia de la defensa de los derechos humanos dé otro espectacular ejemplo de doble rasero en la aplicación de la ley.
–En Iraq, Estados Unidos no solo ha cometido tortura, además ha sumido en el caos a ese país, un caos que ha costado la vida de millones de personas y que continúa teniendo efectos letales en toda la región. Primero y ante todo, ¿no es este también un crimen del que EEUU debería hacerse responsable?
–En caso de que Estados Unidos no dé el paso necesario para acudir a los tribunales, la obligación de hacerlo deberá ser asumida por el Tribunal Criminal Internacional (TCI) o, según el principio de la jurisdicción universal, por algún tribunal nacional. En 2012, el TCI rechazó ocuparse de los casos de tortura y de crímenes de guerra con el argumento que no eran de su jurisdicción. Solo cabe esperar que la recientemente nombrada Fiscal General del TCI, Fatou Bensouda, entienda su alta responsabilidad y acepte ver los casos si –en la eventualidad de que el gobierno de EEUU no cumpla con su obligación– le fueran presentados.
Notas:
1. Comisión: criminalisewar.org

domingo, 28 de diciembre de 2014

El caso más grave de torturas en Barcelona, silenciado por los medios

Una imagen del documenta 'Ciutat Morta'.

El documental 'Ciutat Morta', premiado en el festival de San Sebastián, se ha vetado en Catalunya hasta que la presión popular ha obligado a TV3 a programar su emisión.

BARCELONA.- Hace casi nueve años que Barcelona está muerta. La mataron su alcalde, el socialista Joan Clos, su concejal de Seguridad, Jordi Hereu, la jueza instructora Carmen García Martínez y los policías urbanos Bakari Samyang y Victor Bayona. Es la tesis que sostiene Ciutat Morta, el documental que relata uno de los más graves casos de corrupción policial, judicial y política en la capital catalana y que encuentra su aval en el silencio de los medios catalanes. A pesar de haber ganado el Festival de Málaga y el premio del público en el Festival de San Sebastián, nadie en Catalunya sabía nada de esta producción. Finalmente y gracias a la presión popular a través de las redes, TV3 lo emitirá antes de que acabe enero.

La noche del 4 de febrero de 2006, la Guardia Urbana acudió a desalojar un teatro okupa en la calle Sant Pere Mes Baix, en el centro de Barcelona, donde se estaba celebrando una fiesta. Durante las cargas, empezaron a caer objetos del edificio. Una maceta impactó en la cabeza de uno de los agentes, que quedó en estado vegetal. La policía detuvo entonces a cinco personas a pie de calle y tres de ellas, de origen latinoamericano, fueron directas a la comisaría de Ciutat Vella en las Ramblas.

Allí fueron torturados Rodrigo Lanza, Juan Pintos y Álex Cisternas, según relatan los dos primeros en la cinta. La gravedad de las lesiones obligó a su traslado a urgencias. En el Hospital del Mar coincidieron con Patricia Heras, que había llegado allí por un accidente de bicicleta que había tenido con un amigo, Alfredo Pestenas, después de tomar unas copas. Uno de los policías la registró en la sala de espera y decidió detenerla junto a su compañero por un mensaje de texto sospechoso que encontró en su móvil.
Heras se suicidó en uno de sus permisos tirándose de un séptimo piso
El juicio no fue hasta 2008. Las condenas para los siete acusados oscilaron entre los tres y los cinco años. La sentencia, según Gonzalo Boye, abogado de Lanza, demostró la falsedad de los hechos: “Si de verdad fueran responsables de intento de homicidio, les habrían caído muchos más años, con esta chapuza intentan calmar los ánimos”, explica. Los tres latinoamericanos salieron en libertad porque habían cumplido los dos años de prisión preventiva que fija como máximo el Código Penal. Pero el recurso que interpusieron al Tribunal Supremo volvió a caer con todo su peso sobre ellos; el pleno agravó las penas y volvieron a prisión.

Patricia Heras entró en la cárcel tras el juicio. En abril de 2011, cuando acababa de obtener el tercer grado, se suicidó en uno de sus permisos tirándose de un séptimo piso. Apenas tres semanas después, estallaba el 15-M. Xapo Ortega y Xavier Artigas conocieron la historia en Plaza Catalunya y empezaron a trabajar en ella con la idea de producir un vídeo de 20 minutos que acabó convirtiéndose en un documental de más de dos horas.

“Durante mucho tiempo el caso del 4-F era una pintada en la pared”, relata Artigas. Cuando conocieron los detalles se quedaron impresionados. En octubre de ese año, los dos policías implicados que dieron palizas a los detenidos fueron condenados por otro caso de torturas. La víctima era Yuri Jardine, un ciudadano de Trinidad y Tobago al que Samyang y Barona torturaron en la comisaría de la Zona Franca en 2006. Jardine, hijo del cónsul de Trinidad y Tobago en Noruega, estudiaba en Barcelona y su pecado fue encararse a los policías en una discoteca cuando intentaban ligar con su amiga, acosándola, durante una noche fuera de servicio.
TV3 rechazó la coproducción cuando terminaron las grabaciones y volvieron a refutarla cuando ganaron en Málaga
Pero en el caso del 4-F, la jueza García Martínez nunca tuvo en cuenta las denuncias de los detenidos, algo que hubiera cambiado el curso de los hechos según Boye. La magistrada archivó las denuncias agregando: “Aunque vengan mil más como usted, yo voy a creer a la Policía”.

La condena a los agentes reavivó la idea del documental. Eso y las declaraciones del entonces alcalde de Barcelona, Joan Clos, que el 5 de febrero de 2006 afirmó que el agente herido había recibido en la nuca el impacto de una maceta que se lanzó desde el edificio. Esa versión, que hubiera absuelto a los condenados —detenidos a pie de calle—, cambió tiempo después. Clos se desdijo y convirtió la maceta en una piedra tirada desde el asfalto. En el juicio, cuatro peritos médicos rechazaron la hipótesis de la piedra por cómo cayó el agente. El tribunal se opuso a que el exalcalde declarara, petición que había realizado la defensa.

Tampoco tuvieron mucha suerte Ortega y Artigas al intentar recoger la versión policial y política del caso. “Los pocos guardias urbanos que nos respondieron no querían decir nada aunque estuvieran molestos”, explica Artigas. Este diario ha intentado ponerse en contacto con Joan Clos, Jordi Hereu y algún otro miembro del PSC, de la Guardia Urbana y del Ayuntamiento de Barcelona, sin éxito.

Contar la historia de las víctimas también fue tarea ardua para los directores de Metromuster, la productora de Ciutat Morta. La muerte de Heras era reciente. Cisternas, que por ser más mayor estuvo encarcelado en La Modelo, lo pasó tan mal que no quiso hablar. Pestenas, el amigo de Heras, tampoco. Ambos pidieron el indulto por su orientación sexual y aunque se trataba de casos gemelos, a él se lo otorgaron, pero a ella no. El suicidio le destrozó para siempre.

Corrupción policial

A pesar de la gravedad de los hechos, en Metromuster no tienen la sensación de haber desmontado uno de los casos más oscuros de corrupción policial en Catalunya. Más bien, la sensación es la de haber arrojado luz sobre “una práctica sistemática”, acusa Artigas. Y apunta a que el silencio, tanto de los implicados como de los medios, es un claro indicio “de que tienen algo que ocultar”.

Aunque Artigas medita que ahora los cuerpos policiales están más controlados, las palizas son “tácticas habituales”. Especialmente en la Guardia Urbana, que patrulla de noche y “tiene una forma mafiosa de tratar con lo que ellos consideran lumpen”, sostiene el cineasta. Manuel Delgado, profesor de Antropología Social en la Universidad de Barcelona, explicaba a Metromuster que en este cuerpo hubo una continuidad absoluta entre el franquismo y la democracia: “no hubo ni renovación de cargos, hasta los manuales de actuación eran los mismos”.

https://www.youtube.com/watch?v=c1n-8Z-myBU
Amnistía Internacional publicaba en noviembre de 2007 un durísimo informe sobre la impunidad de los agentes en casos de tortura. Muchas de las investigaciones que la ONG examinó revelaban “falta de imparcialidad y objetividad”. Cargaba también contra el poder judicial, afirmando que las investigaciones de presuntos malos tratos “corren a cargo de jueces de instrucción que reciben ayuda de la policía judicial” y en algunos casos “se asigna a un agente del mismo cuerpo que los presuntos autores de los malos tratos, a la investigación de la denuncia contra ellos”.

Salvo los condenados por los GAL, todos los policías del Estado condenados por malos tratos han sido siempre indultados por el Gobierno. Artigas se pregunta retóricamente en este sentido: “¿A cuántos negros tienes que torturar hasta encontrarte con el hijo de un diplomático?”

El cambio al que apunta Artigas se observa en el caso de Ciutat Morta. El gobierno denegaba hace dos semanas el indulto a Samyang y Barona por las torturas a Jardine; por primera vez dos agentes cumplirán condena —de dos años y tres meses— por torturas, aunque entre la sentencia y la resolución del indulto no hayan tenido que entrar en prisión. Pero todavía quedan renovaciones pendientes: el diario La Directa, que ha seguido el caso desde el principio, denunciaba esta semana que los agentes, de 34 y 38 años, acaban de obtener la jubilación. Recibirán una pensión vitalicia de entre 1.600 y 1.800 euros mensuales.

El caso de la Guardia Urbana no es aislado. El informe de Amnistía Internacional pide medidas efectivas al gobierno para poner fin “a la impunidad de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley”. Artigas estima que aunque la mala fama “la llevan los Mossos”, porque en un determinado momento se instalan cámaras en las comisarías, las brutales palizas de la Guardia Urbana se producen cuando los agentes tienen la certeza de que nadie les vigila. Sus abusos sólo salen a la luz “donde hay una sociedad civil más organizada”.

La censura del documental en Catalunya

Ciutat Morta se produjo gracias a una campaña de crowdfundingcon la que sus creadores obtuvieron 4.700 euros, invirtieron todos sus ratos libres durante casi dos años y contaron con el trabajo voluntario de decenas de personas. No obtuvieron subvenciones ni la oportunidad de coproducir la cinta. A pesar de las dificultades, consiguieron estrenarla invadiendo un cine abandonado de Via Laietana en junio de 2013.

Pero la noticia no apareció en ningún medio de comunicación catalán, más allá de algún titular que hablaba de la ocupación del cine y no del contenido del documental. Metromuster intentó entonces la distribución a través de festivales, cambió el título “4F, ni olvido ni perdón”, por Ciutat Morta –la mayoría de festivales exigen a las candidatas que se estrenen durante el certamen— y cosechó éxitos totalmente inesperados. Ganó el MiradasDoc de Tenerife y poco después, la Biznaga de Plata en el Festival de Málaga.

El triunfo fue tal que el festival de San Sebastián les escribió directamente pidiendo que presentaran la solicitud porque tenían la posibilidad de ser seleccionados. Tanto es así que ganaron el premio del público. Pero una vez más, ningún medio catalán se hizo eco de la noticia. A pesar de que Ciutat Morta competía en la sección Made in Spain con largometrajes como Ocho apellidos vascos, en TV3 se habló de las otras cinco producciones catalanas que se presentaban al festival, pero nunca de Ciutat Morta. Todo lo que obtuvieron fue una pequeña entrevista en la emisora 324.

“Podemos hablar de censura pura y dura”, sentencia Artigas. A pesar de mandar notas de prensa y ganar premios en los festivales más importantes del cine español, nunca tuvieron cabida en la agenda informativa. La presión, después del Festival de San Sebastián, consiguió que medios como La Vanguardia publicaran reportajes en la sección de Cultura.

El caso más flagrante fue el de TV3. La televisión pública rechazó la coproducción cuando terminaron con las grabaciones, desestimó la compra cuando finalizaron la edición y volvieron a refutarla cuando ganaron en Málaga. Con su enfado y la comunidad que han creado en las redes sociales, hicieron trending topic el hashtag#TV3censura, al que la cadena contestó con un tuit en el que aseguraba que el documental se emitiría antes de que acabara 2014.
Artigas: "El silencio, tanto de los implicados como de los medios, es un claro indicio “de que tienen algo que ocultar”
Las negociaciones posteriores con TV3 duraron tres meses en los que los directores se sintieron mareados. Antes de firmar ningún contrato, les prometieron buscar un hueco a la película en la parrilla que no encontraron hasta verano de 2015. Indignados, decidieron retomar las conversaciones con Canal +, a quienes habían rechazado. “Queríamos que la película se emitiera en una televisión pública”, defiende Artigas.

En el trascurso de esas negociaciones, Metromuster recibió la llamada de David Fernández, diputado de la CUP, que les pedía información sobre los últimos hechos para preguntar por el silencio de TV3 en una comisión de control. Todo se desencadenó a la velocidad de la luz: cuando Fernández preguntó a Eugeni Sallent, director de la Televisión de Catalunya, por el retraso en la emisión, Sallent negó cualquier contacto con la productora más allá de la primera oferta de coproducción que rechazaron. Entonces, Fernández mostró la fotocopia del tuit en el que TV3 aseguraba que la emitiría.

Además, Metromuster tenía varios correos electrónicos que demostraban los contactos y anunciaron que publicarían un vídeo en el que desmentían la negación de Sallent en el Parlament. El mismo día en que iban a publicarlo, recibieron la llamada de la cadena que, a cambio de que no publicaran el vídeo, les ofrecía firmar un contrato en 48 horas. Finalmente, Ciutat Morta se emitirá en TV3 antes del 31 de enero de 2015 y la productora recibirá 3.000 euros por su cesión.

Entre la justicia y la venganza

Cuando Artigas y Ortega empezaron a grabar el documental, le hicieron una primera entrevista a Rodrigo Lanza, en la que le preguntaron si creía en la justicia. Respondió que confiaba en una idea de justicia a nivel moral o histórico, que no se correspondía con la institucional. “En ese momento pensamos que la película hablaría de eso”, explica Artigas. Pero la entrevista no se grabó bien y la repitieron cuando Lanza ya había salido de la cárcel. Volvieron a hacerle la misma pregunta, pensando en que repetiría la respuesta. Pero no fue así.

“No sé si hay justicia, pero si la hay, no está en los juzgados. Ya ni siquiera me importa. A veces, busco venganza”, contestaba Lanza en el documental. Y Artigas coincide en que la película buscaba, como él, una venganza simbólica. Ciutat Morta quiere “escrachear a los culpables con nombres y apellidos”, sentencia Artigas. Tras conocer la condena a los agentes de policía, tiene la sensación de estar “al final de una época” y que “las cosas van a cambiar”.

Los responsables también fueron, en parte, los médicos que trataron a los detenidos. Artigas comenta que el Hospital del Mar es el cuarto centro al que llegan después de las torturas. “Es bastante probable que buscaran a un médico afín”, aclara, “trabajan con un personal que deja entrar a los policías a las revisiones médicas, algo ilegal”. “Si un médico te pregunta cómo te has hecho eso y el policía que te ha pegado la paliza está ahí, no lo vas a contar”, asegura Artigas.

A pesar de todas las trabas, Metromuster confía en que la emisión del documental en TV3 selle la historia con un final relativamente feliz. “Que llegue al mainstream, que lo vea gente normal que nunca se metería a un cine ocupado y vea cómo funciona su país”, anhela el director. Aunque la relación con la cadena pública haya sido tensa, Metromuster agradece que TV3, “que todavía tiene el estatus de medio que dice la verdad”, haya acabado contratando su emisión.

Lo que ocurra después, es territorio por abonar. Pero Artigas tiene claro que no quiere volver a trabajar en las condiciones en las que lo ha hecho: “A veces pareces un héroe por hacer una peli con 4.000 euros” constata, “y para nosotros no es nada el modelo”. No quieren volver a verse en una situación similar “porque parece que hacemos apología de la autoprecarización y no la queremos para nada”. Aunque reconoce que han llorado mucho y que el documental se convirtió en una pesadilla en algunos momentos, sonríe cuando se le pregunta si lo volvería a hacer: “Es más importante que se conozca el caso, los activistas sacamos de ahí la energía”. 

lunes, 15 de diciembre de 2014

Funcionarios del gobierno de EE.UU. deben ser juzgados por las torturas


La abogada de Chelsea Manning, la mujer soldado estadounidense condenada a 35 años de cárcel por la mayor filtración de documentos secretos en la historia de EE.UU. a WikiLeaks, denuncia las vejaciones a las que fue sometida su defendida y la impunidad de los responsabes de violar derechos humanos.    
Su defendida, que se llamaba Bradley Manning cuando fue detenido pero que posteriormente optó por cambiar de sexo y llamarse Chelsea, lleva en prisión más de cuatro años, desde mayo de 2010. La abogada, según Miradas al Sur, experta en temas de seguridad nacional, no se arriesga a calificar a Chelsea como “presa política”, sino que prefiere definirla como “una mártir”, relata las torturas y los malos tratos que su defendida tuvo que soportar antes del juicio. En diálogo telefónico con Miradas al Sur, la letrada, que también lleva el caso del preso más torturado en la prisión de Guantánamo, acaba de iniciar un proceso de apelación para revocar o, al menos, rebajar la pena impuesta a Manning.
La ex soldado fue acusada de filtrar a WikiLeaks decenas de miles de documentos secretos del Gobierno de Estados Unidos que destaparon las vergüenzas de la administración estadounidense. 
Hollander denuncia que los únicos perseguidos por la tortura practicada por EE.UU. en virtud de la guerra contra el terror iniciada por Bush son los denunciantes de las violaciones de derechos humanos. La abogada critica además al gobierno de Obama por no hacer nada para llevar ante la Justicia a los responsables de las torturas e incluso los proteja: “Sabemos que esas torturas se realizaron con instrucciones claras que venían del Departamento de Defensa y del Consejo Jurídico del presidente, y, sin embargo, estas personas, que no tienen inmunidad, no han sido procesadas ni temen serlo”.
–¿Cual es la situación actual de Chelsea?
–Está en la cárcel militar de Fort Leavenworth, en el Estado de Kansas. Dentro de lo que cabe, está bien. Tiene garantizada su seguridad personal, nadie le está infringiendo ningún tipo de daño. Está trabajando. Está mucho mejor que cuando estuvo detenida en Quantico, Virginia, donde la trataron con crueldad. Era un trato absolutamente gratuito e innecesario que constituía en sí una tortura. 
–Deme un ejemplo...
–La obligaban a cuadrarse sin ropa durante horas para humillarla. El castigo a la ex analista de Inteligencia fue demoledor. La ONU no dudó en calificar el trato que sufrió Manning durante el período de prisión preventiva de “cruel e inhumano”.
–¿Chelsea tiene contacxto con el mundo exterior?
–Sí. Puede leer diarios y revistas, recibir algunas visitas e intercambiar correspondencia, aunque esta pasa previamente por la censura.
–¿Manning se arrepiente de lo que hizo?
–Ella dice que no. Probablemente no haya pensado en las consecuencias, pero considera firmemente que hizo lo correcto. En dos cartas me escribió que “el público depende de una información exacta y diversa que provenga de varias fuentes, normalmente de periódicos, radio, televisión, de los blogs en internet, de distintos medios que colectivamente conocemos como la prensa. Necesitamos estas fuentes de información porque es imposible que un ciudadano por sí mismo obtenga toda la información necesaria para que pueda cumplir con sus deberes en una sociedad democrática [...] A través del trabajo, con empeño y dedicación, de defensa de la transparencia y la libertad de expresión, nuestro sistema de prensa y nuestra democracia podrán seguir intactos”.
–¿Cree que podrá obtener una reducción de la pena?
–Estamos en la fase inicial del proceso de apelación. Hay que tener en cuenta que se trata de un caso que comprende 111 tomos de 300 páginas cada uno y ni siquiera he terminado de leer toda la documentación. Yo no soy optimista, pero es que nunca lo soy. Creo que siendo optimista a veces puedes acabar omitiendo algo realmente importante para el caso. Mi teoría principal es ser todo lo pesimista que se pueda para intentar encontrar todas las formas posibles de ganar. En el caso de Manning no tengo ni idea de lo que puede pasar. Lo justo sería que se revocara la condena. Primero, porque es absoluta y totalmente injusto que se le haya impuesto una pena de 35 años de cárcel cuando las personas que han cometido las violaciones de derechos humanos ni siquiera han sido identificadas. Por otro lado, la Ley de Espionaje, por la que Chelsea fue procesada, es en sí una ley injusta. Cuando se promulgó, durante la Primera Guerra Mundial, su objetivo era procesar a espías y ya no era muy buena por aquel entonces. Ahora mismo, de hecho sirve para poder procesar a denunciantes, y esto es algo muy peligroso.
–¿Manning ha servido de chivo expiatorio? ¿Su condena es un aviso al resto de implicados en las filtraciones?
–El ejemplo más claro es Edward Snowden, que declara que no quiere volver a EE.UU. por lo que le ha pasado a Chelsea Manning. Se trata de una situación que va en contra del derecho a la libre expresión, que la amordaza. No sé si la intención original era eso, pero claramente se ha convertido en una medida ejemplarizante.
–A pesar de las promesas de Obama, Guantánamo sigue abierto. ¿Alguna vez se cerrará?
–No lo creo. Todavía hay 142 presos en Guantánamo. Todos olvidan que con (George W.) Bush de presidente había 770 y mandaron a casa a 500 de ellos. Obama ha liberado a muchas menos personas de Guantánamo. No creo que se vaya a mandar más gente a la base, puede que más presos acaben yéndose y que sólo se queden los que están siendo procesados. Hay muchos reclusos de los que se dijo que jamás iban a ser liberados y, sin embargo, hay casos de canje de prisioneros por soldados secuestrados, por ejemplo.
–Usted también representa a Mohamedou Ould Slahi, que está preso en Guantánamo. ¿En qué situación se encuentra?
–Está bien aunque probablemente ha sido torturado más que ningún otro preso en Guantánamo. El secretario de Defensa Donald Rumsfeld firmó personalmente las órdenes para hacerlo. Rumsfeld no lo llamaría tortura, pero yo sí. Esta tortura incluyó un viaje en barco para convencerlo de que lo llevaban a un sitio donde no podría ser encontrado. En el curso de ese viaje le rompieron las costillas, lo golpearon y... prefiero parar aquí. Más tarde comenzaron con el “Frequent flyer program”. Se llama así porque no dejan dormir al prisionero, al que despiertan cada dos horas. A Slahi se lo hicieron durante 70 días. Esto lleva a la psicosis y de hecho comenzó a escuchar voces. Ahora está escribiendo un libro que se publicará en enero titulado Diario de Guantánamo.
–¿Y podrá publicarlo?
–Sí, pero me ha costado seis años tener acceso a la información y aún ahora no se puede leer todo el contenido porque gran parte ha sido censurado. Casi todo son cartas enviadas a sus abogados que nosotros finalmente hemos sido capaces de obtener para su publicación.
–¿Qué opina de la decisión del presidente uruguayo, Pepe Mujica de recibir seis presos de Guantánamo, pero –al mismo tiempo–,  negarse a aceptar las condiciones que Washington pretendía?
–Es una actitud excelente. Ojalá que otros países lo imiten. La liberación se demoró justamente porque el presidente Mujica se negó a aceptar las condiciones y, al final, decidieron mandar los presos de todas maneras.

martes, 9 de diciembre de 2014

EE.UU. teme que la publicación del informe de tortura de la CIA desate la ira extremista


Las agencias de inteligencia de EE.UU. creen que la publicación de un informe del Senado sobre la aplicación de torturas a sospechosos de terrorismo por parte de la CIA causará “violencia y muertes” en el extranjero.
El informe de 480 páginas sobre las técnicas de interrogatorio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) después del 11-S, que se publicará la próxima semana, es un resumen de un estudio mayor de 6.000 páginas, que aún permanece clasificado.
Las agencias de inteligencia de Estados Unidos, así como algunos gobiernos extranjeros, han reconocido en privado que temen que la publicación del documento será utilizado por los extremistas para “promover la violencia mortal”, aseguró el representante republicano de Michigan Mike Rogers, en declaraciones a una cadena estadounidense.
Rogers cuestionó la necesidad de que el informe sea publicado, ya que la investigación sobre las torturas de la CIA por parte del Departamento de Justicia no desembocó en la imposición de cargos penales.
Un funcionario no identificado de la inteligencia estadounidense dijo a AP, que el Congreso de Estados Unidos ha sido advertido de la “alta probabilidad de que la publicación pueda estimular una respuesta violenta”.
El pasado viernes, el secretario estadounidense de Estado, John Kerry, instó a la presidenta del Comité de Inteligencia del Senado, Dianne Feinstein, a que reconsidere la fecha de publicación del informe.
El informe revela, entre otros elementos, las prácticas aplicadas durante el mandato del presidente George W. Bush en relación con la CIA, así como información acerca de países extranjeros que cooperaron en la detención y en los interrogatorios secretos de presuntos terroristas.